Desde hace décadas, se ha difundido la idea de que poner música clásica a los bebés durante el embarazo puede mejorar su inteligencia, calmar sus emociones y establecer un vínculo especial con los padres. Algunos lo llaman el «Efecto Mozart». Otros lo ven como una simple leyenda moderna. Pero, ¿qué hay de cierto en todo esto? ¿Realmente la música puede influir en el desarrollo cerebral del bebé antes de nacer?
Más allá de las creencias populares, este artículo se sumerge en lo que dicen los estudios científicos, lo que han vivido muchas madres, y también en lo que se percibe desde un nivel más sutil: la vibración emocional y energética que puede estar detrás de esta práctica ancestral y moderna a la vez.
¿Cuándo empieza a oír un bebé en el útero?
El sentido del oído es uno de los primeros en desarrollarse en el ser humano, pero no está completamente formado desde el inicio de la gestación. Según estudios médicos, el sistema auditivo del feto comienza a estructurarse hacia la semana 16 de embarazo, aunque no es hasta la semana 20 cuando empieza a percibir los primeros sonidos internos: el latido del corazón de la madre, el flujo sanguíneo, el movimiento intestinal…
Es hacia la semana 25 cuando los sonidos externos empiezan a ser detectados con mayor claridad, aunque todavía amortiguados por el líquido amniótico, el útero y el cuerpo materno. Esto significa que, a partir del sexto mes de embarazo, el bebé ya puede distinguir voces, tonos y vibraciones.
¿Qué tipo de sonidos puede percibir?
No todo llega igual al interior del útero. Las frecuencias bajas —como las voces graves o los instrumentos de cuerda— se transmiten con más facilidad que los sonidos agudos. Además, el sonido que llega está amortiguado, como si se escuchara bajo el agua. Por eso, lo que el feto realmente capta no es tanto la música como sonido puro, sino la vibración que esta genera en el cuerpo de la madre.
Esto explica por qué, incluso sin entender palabras, el bebé puede reconocer la voz de su madre o de quien le habla con frecuencia. La vibración repetida crea un patrón emocional y auditivo que se graba en su sistema nervioso.
¿Qué es el “Efecto Mozart”?
En los años 90 se popularizó la idea de que escuchar música de Mozart podía aumentar la inteligencia. El famoso estudio de Rauscher, Shaw y Ky, publicado en Nature en 1993, afirmaba que los estudiantes que escuchaban música de Mozart antes de realizar una prueba de razonamiento espacial obtenían mejores resultados que los que escuchaban silencio o música relajante.
Aunque ese estudio se refería a adultos, no tardó en trasladarse al ámbito prenatal. Se empezó a vender la idea de que si los bebés escuchaban Mozart en el útero, tendrían un mayor desarrollo cognitivo. Desde entonces, se ha investigado mucho… y también se ha exagerado mucho.
¿Qué dice la ciencia hoy?
Los estudios más recientes matizan bastante el entusiasmo inicial. No existe evidencia concluyente de que la música clásica por sí sola aumente el coeficiente intelectual de los bebés. Sin embargo, sí se ha demostrado que la música tiene un impacto positivo en el desarrollo neurológico, emocional y sensorial del feto.
Algunos efectos observados son:
- Mayor capacidad de relajación en el feto y en la madre.
- Estimulación del ritmo cardiaco y la actividad cerebral.
- Reacciones motoras (pataditas o movimientos) ante sonidos familiares.
- Reconocimiento posterior de melodías escuchadas durante el embarazo.
En otras palabras, la música no convierte a un bebé en genio, pero sí favorece un entorno emocional y neurosensorial más saludable.
El papel emocional de la madre
Aquí entramos en un aspecto esencial. Lo que más influye no es solo la música en sí, sino cómo la vive la madre. Cuando una mujer embarazada escucha una melodía que le conmueve, su cuerpo genera hormonas de bienestar: oxitocina, dopamina, serotonina. Estas sustancias pasan directamente al bebé a través de la placenta, creando un entorno emocional positivo.
Es decir, si la madre se emociona, el bebé también. Si se relaja, el bebé percibe ese estado. Y si se estresa… también.
Este vínculo emocional es mucho más poderoso que el mero sonido. De hecho, algunas teorías hablan de una especie de «lenguaje emocional silencioso» entre la madre y su hijo, que se transmite más allá de las palabras.
¿Y qué pasa con los padres?
El padre —o la pareja gestante— también puede participar activamente en esta conexión musical. Hablarle al bebé, cantarle o acompañar con caricias los momentos de escucha musical fortalece el vínculo emocional prenatal. Aunque el feto no entienda el significado, sí capta la intención, la presencia y la energía que se le dedica.
¿La música clásica es la mejor?
Muchos expertos recomiendan música clásica porque tiene estructuras armónicas, ritmos suaves y frecuencias equilibradas. Compositores como Mozart, Vivaldi, Bach o Debussy son especialmente indicados por sus efectos relajantes y estimulantes a la vez.
Pero no es obligatorio limitarse a ese género. La clave está en la vibración que transmite, y eso puede encontrarse también en la música instrumental suave, sonidos de la naturaleza, mantras o incluso canciones populares que emocionen profundamente a la madre.
¿Existe una influencia vibracional más profunda?
Aquí entramos en un terreno que la ciencia todavía no ha explorado del todo, pero que muchas tradiciones espirituales y algunas corrientes cuánticas sugieren: el ser que habita el vientre no es solo un cuerpo en formación, sino también una consciencia en proceso de encarnar.
Desde esta visión, la vibración sonora puede actuar como un puente entre mundos, ayudando al alma a asentarse, recordarse o incluso recibir ciertos patrones de información desde el campo emocional de la madre.
Para muchas madres, más allá del sonido, lo que se transmite es una información vibracional: una especie de lenguaje silencioso que habla de amor, presencia y bienvenida.
Esta perspectiva no es científica en sentido estricto, pero sí resuena en muchas experiencias de mujeres que afirman haber sentido una conexión inexplicable, viva y sutil con su hijo a través de la música.
¿Qué recomiendan los expertos?
- Escucha música que te haga sentir bien, no necesariamente solo clásica.
- Evita auriculares sobre el vientre o volumen alto. Lo importante es la vibración natural.
- Usa la música como momento de conexión. No lo veas como tarea, sino como ritual de vínculo.
- Respira, siente y disfruta. Cuanto más presente estés tú, más presente estará el bebé.
¿Y si no escuchas música durante el embarazo?
No pasa nada. Este tipo de estímulos no son obligatorios ni garantizan ningún resultado. Lo que sí es crucial es el estado emocional de la madre, su paz interior, su conexión consigo misma. La música es solo una herramienta más para favorecer ese estado.
Conclusión
La música clásica puede ser una hermosa forma de conectar con tu bebé, de crear un entorno emocional armonioso y de preparar el nacimiento desde un lugar de calma, belleza y presencia. Aunque no existen pruebas científicas definitivas de que aumente la inteligencia del bebé, sí hay evidencia de que favorece su bienestar emocional, sensorial y relacional.
Pero más allá de la ciencia, hay una verdad más sutil: la vibración que siente un ser antes de nacer puede marcar profundamente su llegada al mundo. Y en ese sentido, cada nota, cada caricia sonora, cada emoción compartida… importa.